Como han cambiado las cosas en un año. Sobre todo para los españoles amantes del ciclismo que no podemos tener la misma alegría que teníamos hace un año. Justo ese es el tiempo que hace que escribí la entrada más visitada de este blog, Contador, de oro).
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Vaya por delante que soy un gran admirador de Alberto Contador. Me parece un deportista de raza, de los de antes. Un clclista que pone sobre la bici todo lo que tiene y más. Su demostración en Alpe D'huez, tras la pajara del día anterior en el Gallibier, evidencia que estamos ante todo un campeón. Sin embargo, no puedo por menos que lamentar que finalmente el madrileño decidiera participar este año en la ronda francesa. Me explico.
Todo el mundo conoce e incluso habrá mencionado alguna vez en su vida, aquello de que uno es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Aunque resulte paradójico y desconcertante, este dogma a priori incuestionable ha dejado en los últimos tiempos de tener un valor ejemplarizante o instructivo para convertirse, por desgracia, en un chascarrillo usado vilmente por mucho canalla que anda suelto por esos mundos de dios.
Entre bodas futboleras, multas a deportistas que creen que están por encima del bien y del mal, denuncias a un gran ciclista que deberían mirar si les han echado algún mal de ojo porque todo lo que le pasa no es normal (denuncia por la luz, himnos de España que en ocasiones son daneses y en otras el de la época franquista, etc), vacaciones ibicencas y fichajes estelares que ocupan más páginas del papel 'couché' que de las secciones y medios deportivos, ... anda el juego.
Déjenme empezar admitiendo que sigo dudando del ciclismo en general y del caso Contador en particular. No comprendo cómo tras sancionarle, la misma federación decide absolverlo después de las conocidas presiones del alto standing español. Y aprovecho para decirlo ahora, justo antes del recurso de la AMA y de la UCI, para que no se me acuse más delante de ventajista.

































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Que bella es la vida!