Laurent Fignon ha muerto
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"Le professeur", como se le conoce en el mundo del ciclismo, ha fallecido hoy a los 50 años de edad como consecuencia de un cáncer de páncreas que padecía desde hace más de un año.
Al igual que en su vida profesional, el bravo gladiador de la carretera luchó con todas sus fuerzas contra esta grave enfermedad, que finalmente le ha ganado la partida al sprint y en los últimos metros. En su palmarés siempre se recordarán sus dos tours y el Giro de Italia, siempre con el equipo Renault.
Desde bien pequeño sentí predilección por el ciclismo. En realidad, supongo que más bien se trata de admiración; admiración por estos hombres que con la única ayuda de sus piernas, pulmones y corazón, suben montañas y queman kilómetros a ritmo de vértigo. Guerreros sobre dos ruedas a los que nada ni nadie consigue detener. Una estirpe única e inigualable de deportistas.
Recuerdo especialmente a Fignon. Quizá fuese su peculiar aspecto, con aquella melena rubia atada por una cinta tricolor o las gafitas de profesor de facultad, quien sabe. Hay deportistas que te marcan, que dejan huella en uno cuando tu vida comienza y necesitas peldaños sobre los que edificar tu carácter. Schuster, Jordan, Lineker, Maradona, Larry Bird o Fignon son buenos ejemplos de ello.
Aún puedo verme en las aceras de la calle donde me crié. Recuerdo perfectamente como usabamos las chapas de las botellas como si fueran ciclistas y los bordillos nuestras carreteras. Subidas y descensos, pelotones y escapadas. Tácticas. Alegrias y tristeza. Recuerdo también aquellas pegatinas que vendían en el quiosco enfrente del colegio, con las imagenes de nuestros ídolos, Pedro Delgado, Gorospe, Alvaro Pino, Lejarreta, Hinault y como no... el profesor. Yo siempre lo elegía a él y casi siempre ganaba. Me sabía algunos truquillos. El más habitual era aumentar el peso de la chapa con plastelina y añadir un cristal. Como se deslizaban y que maestría teníamos. Al fin y al cabo, tan solo queríamos emular a los mejores y Fignon lo fue.
La perdida de nuestros ídolos de la niñez, nos recuerdan que todos, absolutamente todos, envejecemos. Nos ayuda a entender que vida, solo hay una y debemos vivirla con intensidad y conocimiento de causa. No seamos estupidos, no malgastemos el tiempo en cosas superfluas y que no conducen a nada. Aprendamos del maestro.
D.E.P


































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