Yo también quiero ser Ángel María Villar
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Érase una vez un impresentable llamado Ángel María Villar. Dicen que es el presidente de la Real Federación Española de Fútbol desde hace más de 20 años. De oficio vividor y de beneficio todo lo que lleva chupado de la institución que dirige.
La última de este mentecato ha sido llevarse a la selección de fútbol a Argentina para hacer caja. Con esta disculpa, dormirá en un lujoso hotel, comerá en un mejor restaurante y encima cobrará dietas para engordar su cuenta corriente. O sea, lo que lleva haciendo en las últimas dos décadas con el visto bueno de los responsables gubernativos del deporte.
Mientras tanto, le importa un bledo que los futbolistas se pasen más de 20 horas en un avión luego de haber hecho otro viaje hace unos días, o que los clubes que ceden jugadores se vean perjudicados por sus caprichos. Un día un juez decidió imputarlo por su dudoso manejo de los dineros de la RFEF en connivencia con alguno de sus lametraserillos. Hace ya más de cinco años desde entonces. La Secretaría de Estado para el Deporte sigue muda, no sé si por incompetencia o porque la forma de actuar de Villar le es familiar. O quizá por ambas cosas a la vez.
El imputado gana en concepto de sueldo unos 130.000 euros líquidos al año, a lo que hay que sumar impuestos, seguridad social y gastos de representación. Ni el presidente del Gobierno o del Tribunal Constitucional cobran tanto. Pero dicha cantidad es calderilla comparada con lo que se engrosa el innombrable en dietas. Y lo más escandaloso es que esas cantidades por dietas las ingresa al mismo tiempo que los gastos generados por sus viajes son pagados aparte.
¡A mí que me lo expliquen! Lo dicho. Yo también quiero ser Ángel María Villar. Y ya está.































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Que bella es la vida!